sábado, 25 de junio de 2016

una despedida más

Nuestra historia comienza en el Británico,
 la noche en que un café bajó mis humos.
 Me pudiste, ganaste la partida,
 como la ganó tu ciudad, que aquí me tiene.
 Malhumoro a la luna que hoy rueda por tu barrio,
con quejas inaudibles , risas varias.
 Magnífica obsesión que me ha quedado.
 Vos,
que no se quién sos.
Tu ciudad,
que quiere amarme.
La mía, me despide, gris, vacía.
Veredas en la ciudad vieja,
viejos amores que diluye el río.

una despedida más

Nuestra historia comienza en el Británico,
 la noche en que un café bajó mis humos.
 Me pudiste, ganaste la partida,
 como la ganó tu ciudad, que aquí me tiene.
 Malhumoro a la luna que hoy rueda por tu barrio,
con quejas inaudibles, risas varias.
 Magnífica obsesión que me ha quedado.
 Vos,
que no se quién sos.
Tu ciudad,
que quiere amarme.
La mía, me despide, gris, vacía.
Veredas de la ciudad vieja,
viejos amores que diluye el río.

martes, 9 de febrero de 2016



Tuve un sueño.

Nada tan común entre los mortales a quiénes el dormir nunca se nos ha negado.
Te conté del niño, de las madres, te conté de la adustez en sus rostros y de la imposición de sus palabras.
Te conté de mis visiones y de mis realidades, de mis penas y de las tuyas,
Te conté de mis deseos de escapar, de mis pasiones, de mi odio,
 de lo intangible de las palabras  apresuradas, ganas,
 las ganas de que las compartieras conmigo.
No te conté del secreto de ese sueño, ni de la voz baja ni de los susurros.
El secreto será secreto.

viernes, 5 de febrero de 2016

Apoltronada
la mesa del bar 
ayacucho mediante,
 sostiene las letras invariables
de la muda casi nada
(pen)última escena de lo que pudo ser.
Aletargada
la mano acaricia
la mesa de como si estuvieras,
o no.
Atrapada la vista
 queda colgada en el balcón
de luz difusa, opaca,
 opacada de lágrimas
de café baratija de la contemplación.
Apoltronada.
La mesa del bar 
ayacucho mediante,
 sostiene las letras invariables
de la muda casi nada
(pen)última escena de lo que pudo ser.
Aletargada
la mano acaricia
la mesa de como si estuvieras,
o no.
Atrapada
la vista queda colgada en el balcón
de luz difusa, opaca,
 opacada de lágrimas
de café baratija de la contemplación.
Apoltronada.
La mesa del bar 
ayacucho mediante,
 sostiene las letras invariables
de la muda casi nada
(pen)última escena de lo que pudo ser.
Aletargada
la mano acaricia
la mesa de como si estuvieras,
o no.
Atrapada
la vista queda colgada en el balcón
de luz difusa, opaca,
 opacada de lágrimas
de café baratija de la contemplación.