domingo, 16 de febrero de 2014

hombre de la ciudad

      
Está sentado en un banco en aquel parque
el día de la niebla.
El balanceo de las ramas de los plátanos (¿o serán pinos?)
se espeja en el cemento gris.
Sus ojos miran a ninguna parte.
Adentro, sobre su mundo rígido, el estado inestable del tiempo.
Si el amor irrumpiera y le pateara las entrañas, ¿podría reconocerlo?
El viento desciende con violencia
sobre el inestable estado del tiempo y del espacio.

hombre de la ciudad

      
Está sentado en un banco en aquel parque
el día de la niebla.
El balanceo de las ramas de los plátanos (¿o serán pinos?)
se espeja en el cemento gris.
Sus ojos miran a ninguna parte.
Adentro, sobre su mundo rígido, el estado inestable del tiempo.
Si el amor irrumpiera y le pateara las entrañas, ¿podría reconocerlo?
El viento desciende con violencia
sobre el inestable estado del tiempo y del espacio.