Está sentado en
un banco en aquel parque
el día de la
niebla.
El balanceo de
las ramas de los plátanos (¿o serán pinos?)
se espeja en el
cemento gris.
Sus ojos miran a
ninguna parte.
Adentro, sobre su
mundo rígido, el estado inestable del tiempo.
Si el amor
irrumpiera y le pateara las entrañas, ¿podría reconocerlo?
El viento
desciende con violencia
sobre el inestable estado del tiempo y del espacio.