Carta a mí misma
Quiebra tu paso las veredas, esas de buenosaires; te lo dije: nada bueno tienen esas orillas para ti, del pampero enloquecido sólo frío, soledad, desamparo. No esperes el abrazo porque está vacío, sola, quédate sola mirando la mugre del río maldito, hinchado de carroña.
No sabes cómo se hizo la noche día ni como el día pasó de tantas lágrimas que te llovieron. No entiendes. “Cry over a river” suena a la distancia.
Reptas, víbora (así te llamas desde hoy) y clavas tus colmillos letales. Muérdete la lengua y ahógate en tu veneno, susurra.
Olvida que existes, porque existir es una ficción, reflejo de los otros. Es hora de dejar caer las máscaras, esas que cultivamos con fruición cada mañana.Tú pasas por la historia, la provocas, la saboreas, la abandonas y la recuperas para tu beneplácito.
Abominables resultan ser mis palabras transparentes, esas que en otros contextos pueden llegar a ser opera primas, desde la punzante ironía del dolor.
Abócate a desaparecer, aún más de lo que has desaparecido en este final de sílabas cortadas, palabras gritadas y humillación.
Prepárate, ya eres fantasma, no te miran, no te escuchan, no te ven. Existes en la medida que tus pasos no alteran las contradicciones. Camina sin tocar el suelo, habla sin decir, brinda sin pedir, tal vez entonces vendrá la caricia mendigada.
Caricia que se va hacia ninguna parte, mil veces castigo porque existes, estás y no provocas mas deseo.
Niñez y vejez se tocan en tu sexo: siempre lo mismo, la huída al desamparo, la desolación, el abandono.
Te lo dije: implorar no es la palabra adecuada. Desbordar amor hacia quién tiene demasiado sigue siendo caminar en falso por las baldosas de la inmundicia.No mires la torre de lasagnas vacías entremedio, insatisfecha. Mastica, tritura, engulle y en enorme vómito deshazte de este amor.
Sos Otra que vuelve en envase desgastado, muévete a su pesar, encanta en tu dolor de cuerpo que se desangra para acabar en piedra estatua sobre otra piedra que tiembla, faltan las palabras de la poesía que han desaparecido entre los vendajes que cubren cicatrices.
Desanda el camino en el que te empeñaste. Corta la pesadilla. Estás a tiempo. Abogado del diablo, trasciende tu desdicha, trasvásala al cáliz de otra amargura. Sálvate. El lodo va entrando por las grietas. La insania grita presente a toda hora.No asistes a La Comedia por primera vez. Te escondes, mas y mas adentro de las losetas rotas de San Telmo. Se tuerce el pie mientras circunvalan las ideas entre hemisferio izquierdo y derecho, tálamo e hipotálamo, oxitocina inútil.
Se te van cortando los hilos, las ganas, el último suspiro tan cerca o lejos, qué sé yo cuanto se estira la mediocridad.
Te ha zarandeado la circunstancia de las promesas incumplidas. Mi mejor vez. Los andenes distantes, sonido apagado del tren. No aguardan, aún no más, si es que hubo flor.
El tiempo y el horóscopo te pronostican una energía de sol ennegrecido. El viento en Piscis hará que regurgites la pena y el horror en el engaño.
Memoria de horizonte abierto. Pánico de esta ciudad que aplasta, del hombre que pulveriza, que fracciona tu amor en pildoritas.
Sabes lo que no quieres, quieres saber, tener fé en las dudas que se convierten en certezas que son cloacas de sentimientos muertos.
Terca en las veinticinco maneras de renunciar a la guerra te prendes en el juntos para siempre, como si el siempre existiera, constatando el segundo de la mano en su espalda como el último.
No te llega el mañana. Fruto de la esperanza que será amargo, caiga como caiga.
Los fantasmas llegan de Chicago, se repiten año a año. Tus piernas, tus brazos olvidaron acompañar la marcha. Qué se habrá desgastado dentro de ti. Qué apagó la quimera alucinada del todos para todos.
Cantas en voz baja tanta inseguridad, gritas al amor impuesto irremediable alarido solitario subterráneo en ecos que golpean las paredes.
Comenzar de nuevo trepando desde el pie sobre los cascotes desgastados.
Déjate mentir porque te mientes, suenan dulces las palabras conocidas, ciega que no quiere oír, derrumbe sordo del amor.
Son los pliegues oscuros que se te acomodan como un diseño calcado de ese otro que ves enfrente, tan distinto, tan tuyo y reconocible.
Mar espejo te ves en otros tiempos, parecen tan rancios de tan desusados , hoy, con la tierra de temblores, se te aparece el animal que roe las entrañas, ese rojo magma, te vela los ojos y celas.
Ves otra cara, otra caricia en tu lugar, máquina que funciona en tiempos novedosos, que escupe todo lo que no diste ni podrás dar.
Virginia querida, las letras sí que alivian esos golpes que te dan y escribo, escribo, escribo, lleno de sonidos el papel pantalla.
Se te revuelven las entrañas, asco odio, jirones de letras que fueron amor se resbalan desvaídas en tu boca. Las pronuncias, la saliva las enjuaga.
Desaparecen.
Desaparecen.
diario
Quiebra tu paso las veredas, esas de buenosaires, te lo dije: nada bueno tienen esas orillas para ti, del pampero enloquecido sólo frío, soledad, desamparo. No esperes el abrazo porque está vacío, sola, quédate sola mirando la mugre del río maldito, hinchado de carroña.
No sabes cómo se hizo la noche día ni como el día pasó de tantas lágrimas que te llovieron. No entiendes. “Cry over a river”.Suena
Reptas, víbora (así te llamas desde hoy) y clavas tus colmillos letales. Muérdete la lengua y ahógate en tu veneno.
Olvida que existes, porque existir es una ficción, reflejo de los otros. Es hora de dejar caer las máscaras, esas que cultivamos con fruición cada mañana.
Tú pasas por la historia, la provocas, la saboreas, la abandonas y la recuperas para tu beneplácito.
Abominable resultan ser mis palabras transparentes, esas que en otros contextos pueden llegar a ser opera primas, desde la punzante ironía del dolor.
Abócate a desaparecer, aún más de lo que has desaparecido en este final de sílabas cortadas, palabras gritadas y humillación.
Prepárate, ya eres fantasma, no te miran, no te escuchan, no te ven. Existes en la medida que tus pasos no alteran las contradicciones. Camina sin tocar el suelo, habla sin decir, brinda sin pedir, tal vez entonces vendrá la caricia mendigada.
Caricia que se va hacia ninguna parte, mil veces castigo porque existes, estás y no provocas mas deseo.
Niñez y vejez se tocan en tu sexo: siempre lo mismo, la huída del desamparo, la desolación, el abandono.
Te lo dije: implorar no es la palabra adecuada. Desbordar amor hacia quién tiene demasiado sigue siendo caminar en falso por las baldosas de la inmundicia.
No sigas la torre de lasagnas vacías entremedio, insatisfecha. Mastica, tritura, engulle y en enorme vómito deshazte de este amor.
Sos/Eres Otra que vuelve en envase desgastado, muévete a su pesar, encanta en tu dolor de cuerpo que se desangra para acabar.
En piedra estatua sobre otra piedra que tiembla, faltan las palabras de la poesía desconocida, que han desaparecido entre los vendajes que cubren cicatrices.
Desanda el camino en el que te empeñaste. Corta la pesadilla. Estás a tiempo. Abogado del diablo, trasciende tu desdicha, trasvasala al cáliz de otra amargura. Sálvate. El lodo va entrando por las grietas. La insania grita presente a toda hora.
No asistes a La Comedia por primera vez. Te escondes, mas y mas adentro de las losetas rotas de San Telmo. Se tuerce el pie mientras circunvalan las ideas entre hemisferio izquierdo y derecho, tálamo e hipotálamo, oxitocina inútil.
Se te van cortando los hilos, las ganas, el último suspiro tan cerca o lejos, qué sé yo cuanto se estira la mediocridad.
Te ha zarandeado la circunstancia de las promesas incumplidas. Mi mejor vez. Los andenes distantes, sonido apagado del tren. Te esperan, si es que hubo flor.
El tiempo y el horóscopo te pronostican una energía de sol ennegrecido. El viento en Piscis hará que regurgites la pena y el horror en el engaño.
Memoria de horizonte abierto. Pánico de esta ciudad que aplasta, del hombre que pulveriza, que fracciona tu amor en pildoritas.
Sabes lo que no quieres, quieres saber, tener fe en las dudas que se convierten en certezas que son cloacas de sentimientos muertos.
Terca en las veinticinco maneras de renunciar a la guerra te prendes en el juntos para siempre, como si siempre existiera, constatando el segundo de la mano en su espalda como el último.
No te llega el mañana. Fruto de la esperanza que será amargo, caiga como caiga.
Los fantasmas llegan de Chicago, se repiten año a año. Tus piernas, tus brazos olvidaron acompañar la marcha. Qué se habrá desgastado dentro de ti. Qué apagó la quimera alucinada del todos para todos.
Cantas en voz baja tanta inseguridad, gritas el amor impuesto irremediable alarido solitario subterráneo en ecos que golpean las paredes.
Comenzar de nuevo trepando desde el pie sobre los cascotes desgastados.
Dejarte mentir porque te mientes, suenan dulces las palabras conocidas, ciega que no quiere oír, derrumbe sordo del amor.
Son los pliegues oscuros que se te acomodan como un diseño calcado de ese otro que ves enfrente, tan distinto, tan tuyo y reconocible.
Mar espejo te ves en otros tiempos, parecen tan rancios de tan desusados , hoy, con la tierra de temblores, se te aparece el animal que roe las entrañas, ese rojo magma, te vela los ojos y celas.
Ves otra cara, otra caricia en tu lugar, máquina que funciona en tiempos novedosos, que escupe todo lo que no diste ni podrás dar.
Virginia querida, las letras sí que alivian esos golpes que te dan y escribo, escribo, escribo, lleno de sonidos el papel pantalla.
Se te revuelven las entrañas, asco odio, jirones de letras que fueron amor se resbalan desvaídas en tu boca. Las pronuncias, la saliva las enjuaga. Desaparecen.